Fuimos directamente a la luna porque preferimos los satélites naturales a los de fierro y lucecitas. Nuestra misión lunar esta integrada por 5 cosmonautas entrenados en la ex URSS por perros que decían ser herederos de la mismísima Laika, lo cual acreditaron oportunamente ante un escribano público pero desconocido. No fue fácil, sobre todo por el idioma.
Tampoco es fácil llegar a la luna. Hay que atravesar caminos inhóspitos y estar preparado para las pruebas físicas más exigentes como manejar 5 horas una cohete espacial turquesa (el Apolo Creed), y que nadie te cebe un mate.
Más adelante, el paisaje cambie de tono casi sin avisar, de manera tal que nos encontramos atravesando una sabana africana, luego de cruzar el cañón del colorado y las arenas del sahara. No sabemos a que atenernos, y nos quedamos sin agua caliente.
Formas geográficas que denotan la presencia de vida inteligente, o al menos si no inteligente, con bastante sentido del humor. Bajo el efecto lisérgico de un disco de Al stewart, nos damos cuenta que en la luna no sólo no funciona la ley de gravedad, sino que tampoco el espacio sigue las mismas leyes, de modo tal que todo es inmenso y profundo. Y no hay señal de celular.
Algunas imágenes de la expedición: Arriba, una lluvia de meteoritos de reciente caída (por suerte llegamos en un día despejado.) A la derecha, un momento de discusión acerca de la ruta espacial a seguir. Abajo, una parada en el camino, donde se puede apreciar la imagen de nuestro Apolo Creed, y su tono turquesa pistacho. Por último, la inquietante aparición de una serie de baños químicos en pleno valle lunar. Una muestra más de que no estamos sólos en el universo.



