lunes, 30 de marzo de 2009

Enjoy Yourself



Yo vivo al filo del absurdo y a merced de los ciclos lunares. Con frecuencia me sobran cinco para el peso y me descalifican de la pelea, y casi todos los días me golpeo los dedos del pie con la pata de la cama.

A veces, ni el espiral ni la citronella me protegen de las picadas nocturnas, y entonces caigo en la trampa de la velocidad y el triunfo vacío, empapado de champagne en el podio invisible. Pero disfruto más del ruido atemporal de la conversación, del cigarrito en la mano y la cerveza fría en una taza de café.

Quisiera ser un asesino de rumbas o un poeta maldito, pero me conformo con mi silla de mimbre, mis detectives salvajes y un par de casettes grabados. Supongo que la actitud es errada.

Mi tortuga me contagió un bostezo, el otro día. Yo le llevé hojas de laurel y gomero que junté por la calle, y así me agradeció.

París era una fiesta, me levanté pensando esta mañana.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Balcón


Tendría que llevar un diario de lo que pasa en mi balcón. Sería mucho más interesante. A mi, en cambio, me pasa siempre lo mismo.

domingo, 8 de marzo de 2009

Margarita






















Llegó a mi hogar sabiendo que lo que me impulsaba a adoptarla no era el amor sino la culpa, la necesidad de reparación. Enseguida notó mi desinterés natural hacia las mascotas, y por eso tenía esa mirada. Pura desconfianza.
Yo le ofrecía lechuga, y ella prefería las masitas de yiya murano.
Yo le ponía agua en una tapita, y ella, tan orgullosa, no hacía más que esforzarse por volcarlo.
Así nos enteramos como los dos habíamos sufrido. Le conté de mi última máscota y su final absurdo (leer primeros post de este blog) y me enteré del dolor de su destierro, del Río Dulce santiagueño, de las duras condiciones en que vivía durante tu prisión en el puesto de venta carretara donde la encontré, dentro de un cubierta de tractor, hacinada y apretada junto a una veintena de tortugas muchísimo más grandes que ella.
Aprendi de su silencio, de su paciencia, de su sabia interpretación del tiempo. Ella en cambio, no aprendió nada, ya que su orgullo de quelonio le impide aceptar que le divierte el jueguete que le hice.
No puedo decir que somos amigos. Aún mantiene ella su mirada altiva y prehistórica, sus ojos implacables y negros clavados en los míos. Pero sí somos buenos compañeros.
Ella no pide más que unas manzanitas bien cortadas, o una lechuga lavada bajo el sol de la mañana.
Bienvenida a casa.


Nota: La foto pertenece a otra tortuga puesto que Margarita se negó rotundamente a ser fotografiada.

Nota2: http://duacablog.blogspot.com/2008/04/mi-gata-se-cay-por-un-balcn.html (El episodio tristísimo de Cosita, la gata)

martes, 3 de marzo de 2009

Otoño en Mendoza (y Arcos)

Se puso a refugio detrás de un palo borracho florecido, porque verla caminar por la calle le parecía un delito. Llevaba un vestido corto y floreado, y unas sandalias blancas que trepaban apenas por sus tobillos.

Después, se miró las manos pinchadas con las púas del árbol, y la perdió de vista.

Así pasó el resto del otoño, extrañando.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Leviatán en G. Catán

¿Y qué pasa si el pastor carioca que predica a los puros gritos en una plaza bonaerense finalmente tiene razón?

¿No sería entonces el mundo un lugar absurdo y encantador?

martes, 10 de febrero de 2009

Ya vas a ver

Guitarra vas a llorar. Así traducían un tema de Harrison "While my guitar gently weeps". Casi una amenaza, casi una predicción. Casi un lamento dicho entre suspiros.

La traducción es tan mala, tan buena, no me decido.

Ponele que me ponga rigorista: es pésima.

Ponele que me ponga en melancolico estudioso de la fatalidad: es perfecta.

lunes, 9 de febrero de 2009

Tu también

Resignado a la presencia metódica de mi tortuga margarita en su cajón de madera, opté por investigar el mundo interno de los cetáceos con una linternita, cosa que fue desaconsejada por mi compañía de seguros.
Entonces me dediqué a pasear por los canales interiores de un edifcio con balcones en contrafrente.
A veces, pero no muchas, despido a los empleados de mi subconsciente y contrato otros nuevos, igual de ineficientes.
Es así la vida.

domingo, 25 de enero de 2009

anónimo


Tuve el mal presentimiento cuando ya había pasado todo. Jamás fui bueno con eso. Siempre te lo dije, hay pedazos enteros de drama en los que sufro de petit mal. Estoy ahí, pero las cosas pasan a través mío. Es como quedarse dormido en el cine. De golpe la gente se sobresalta, pero ya no entendés por qué, y si te lo cuentan no te parece para tanto. Un poco así, la primera escena de mi despertar es de gritos con lluvia. Punto.
Pero la certeza es como ponerse un par de zapatos mojados una mañana en invierno. No se puede vivir con eso.