viernes, 2 de mayo de 2008



Ella se reía con todo el cuerpo, pero más con los ojos.
A él le gustaba hacerla reir para poder mirarla, como llenaba el espacio su risa y le apretaba la mano con sus dedos pequeñitos.
Una risa suave, perfumada, nada ruidosa. Que terminaba con sus ojos verdemontaña bien abiertos, como agradeciendo.
Y entonces era tan perfecto que ahi terminaba el mundo.

3 comentarios:

Cecilia dijo...

Que hermoso!!!!! Yo tengo los verde montaña!!!

Quiero uno que me haga reir y se me iluminen los ojos!!

Mientras llega, te dejé un premio y una tarea en mi blog. Si querés hacer la tarea, hacela, sino no importa.

(que hermoso lo que escribiste!!!)

Besos!

Duaca dijo...

Mi voluntad y yo estamos analizando que hacer... soy muy vago, como para hacer tarea.

Cecilia dijo...

No se preocupe!!! No lo haga si no quiere. Quédese con el premio, como un mimo.Todo más que bien, no hay conjuros ni maldiciones para los vagos.Hay cariño y fascinación con sus letras.
:)

Beso.